¿Digno o, indigno final?
Jordi, el perro de Carlos murió de viejo.
En los últimos tiempos, el pobre, no podía caminar si no era con ayuda, así que la madre de Carlos, que era quien lo cuidaba desde que este se casó (a la mujer de Carlos no le gustan demasiado los animales y no lo quiso tener en casa) tenía que llevarle en brazos a la calle cada vez que el animalito lloriqueaba para que lo sacaran a hacer sus necesidades. Cuando era joven, no tenía necesidad de llorar, sólo se acercaba a la puerta de la casa, y la rascaba. Era la señal que necesitaban sus dueños para saber que Jordi tenía que ir al baño.
Estaba prácticamente ciego, una catarata acuciante le impedia ver, así que, se movía por la casa por intuición, de tan conocida que se la tenía. Para acabarla de amolar, el veterinario, en una de las últimas revisiones le diagnosticó un tumor en la cabeza, así que, las pocas veces que bajaba de su rinconcito en el sofá, esas pocas veces en las que el perro se encontraba con ánimos y fuerzas para dar un pequeño saltito hasta el suelo, se la pasaba dando vueltas sobre sí mismo, desorientado.
La hermana de Carlos, apenada por el perro y por el amor que le tenían a este animal desde hacía mas de 15 años, habló con el veterinario para ver si podían encontrar una solución, y este le planteó el sacrificio porque era inhumano hacerle sufrir en vano.
Finalmente y tras muchos llantos y congoja, decidieron sacrificar a Jordi; el veterinario le suministró una inyección letal, que le haría perder el conocimiento y marcharse sin sufrir. Muchos miembros de la familia de Carlos aguardaron en la sala de espera el digno o indigno final de Jordi. Lo llevaron a casa dentro de una caja de plástico, de esas de fruta y nadie se atrevía a cabar su tumba...
Finalmente, Carlos, el miembro de la familia con más sangre fría y mejor temple hizo la fosa, lo envolvió en una tela y lo enterró. El resto de la familia permaneció en la casa, no fueron capaces de ver como era enterrado, debajo de un naranjo, uno de los pocos árboles de la finca.

Ayer vi en el telediario una noticia que hizo que recordara esta historia:
en Lorquí, una población de Murcia, se ha intalado el primer tanatorio para mascotas de España, y el tercero en todo el planeta, los otros dos estan en Inglaterra y Holanda respectivamente.
El tanatorio cuenta con diferentes servicios, como por ejemplo la posibilidad de velar a tu mascota, en una estancia habilitada para ello. Tu amigo estaría expuesto en una urna de cristal, después de haber sido lavado y adecuado, a la que tendrías acceso si te apeteciera acariciarlo y la sala estaría dotada de cómodos asientos y sofás. También tienen crematorio, por lo que tras velar al animalito lo incineran y te entregan sus cenizas en una bonita caja de madera con su nombre. Todo esto por una media de 80€.
La noticia también decía que, enterrar o abandonar a las mascotas muertas era delito y causa de multa. Así que, los dueños del tanatorio para animales tienen, por ahi, un filón de oro por explotar. Muchos verán en esta idea una extravagancia pero seguramente, para muchas personas que conviven con animales en casa y que los quieres como a un miembro más de la familia, esta idea les va a gustar, porque encontrarán en ello una forma especial de despedirse de sus "mejores amigos".





Irma dijo
**Hola niña...Vine a agradecerte tus comentarios en mi blog y a darte la bienvenida a mi mundo...
Ayyyy, me dió mucha pena Jordi, pobrecito, creo que sus dueños tomaron la desición mas humana...
Me parece buena la idea del tanatorio para mascotas, para el que lo pueda pagar ¡Claro!... Habrá quién no esté de acuerdo que una mascota tenga un mejor entierro que muchos seres humanos en desgracia... Pero así es este mundo nuestro ¡Qué le vamos a hacer!
3 Abril 2008 | 09:59 PM