EL ORIGEN PERDIDO, AÚN...
Carlos es miembro de la tribu de los Terena, etnia indígena perteneciente al pueblo brasileño. Este indio promovió hace cerca de 20 años “os Jogos dos Povos Indígenas” de Brasil e intenta reivindicar ser parte viva y activa de este país, ya que los indios son unos completos desconocidos para “el hombre blanco” del país carioca. Los juegos se celebran de forma oficial desde el año 1996.
Más de 30 etnias participan en estos juegos olímpicos indígenas y muchas de estas tribus tienen que viajar durante días, desde la profunda Amazonia, en vetustas guaguas, por tortuosas carreteras que han perdido el asfalto, si es que lo han tenido alguna vez, para convertirse en resbaladizos barrizales por cientos de kilómetros, dando bandazos. Muchos indígenas jamás antes salieron de sus aldeas, aisladas del mundo de “los blancos”.
Una etnia en concreto, por poner un ejemplo más cercano, los Enawenê Nawê, han de desvestirse de sus ropas habituales, un taparrabos de caña hueca (se puede imaginar qué tapa la caña…), para vestir ropas y calzado de blanco; atuendo más “adecuado” para viajar en avión, o aviones, dependiendo de la distancia del lugar de emplazamiento de los juegos de ese año. Pero, al escuchar el argumento de un miembro de esta tribu, con mirada orgullosa, te hace pensar que el sabio lo es por naturaleza, más que por edad o por estudios académicos: “los vestidos más bonitos son las pinturas que luce mi piel; la camisa de hombre blanco se rompe, se ensucia, se pone fea…, la piel pintada nunca es fea”.
“La villa olímpica” es casi improvisada. Suele estar emplazada en el mismo lugar donde se desarrollan los juegos y habitualmente se usan grandes chozas de lona y mástiles para la construcción de la villa. Los participantes llevan su cama a cuestas: su hamaca; que cuelgan de mástiles emplazados para tal empresa.
Los indígenas aprovechan las semanas de ausencia de sus aldeas para vender sus artesanías, o hacer trueques con ellas. Compran puntas de lanza, jabón para las mujeres, preservativos…
Los juegos se desarrollan en períodos y espacios determinados, y su principal característica es que sus reglas son poco definidas, sin límite de edad para los jugadores,
no existiendo obligatoriamente ganadores y perdedores, por lo que el premio normalmente es la adquisición de prestigio y una medalla popular como recuerdo. La participación en si misma, está cargada de significados y promueve experiencias que son incorporadas por las tribus. Es, principalmente, un punto de encuentro cultural que, por desgracia, interesa poco al compatriota “hombre blanco”.
Después de una semana Os Jogos llegan a su fin. Los Enawenê son vencedores de la prueba de cuerda y ellos declaran orgullosos que ganaron porque son los más fuertes, gracias la base de su alimentación: la miel.
Otra tribu, los Munduruku, tienen que realizar una empresa muy importante para ellos: visitar el mar. La mayoría de ellos no lo había visto jamás. Todos habían oído hablar de el: esa inmensa masa de agua salada, que no tiene árboles con los que poder orientarse y su agua se mueve demasiado… Pero también saben que el hombre blanco llegó por ahí, y en esa playa existe una cruz, erigida sobre varios bloques de mármol negro, conmemorando la llegada de los primeros portugueses a Brasil.
Los Munduruku trepan, se sientan sobre el mármol y se lamentan: ellos trajeron enfermedades que no existían aquí.
Lacónicos, pero con mirada orgullosa, recuerdan que esa playa, ese mar, es la tierra original de su pueblo, antes que los portugueses los obligaran a adentrarse, retirarse y dispersarse mar adentro. Esa playa es “su origen perdido” y piensan:
“Cualquier tiempo pasado, fue mejor….”



Jose Dominguez Dominguez dijo
Amiga,
Ayer, precisamente, tuve oportunidad de ver en la Tv un documental sobre estos juegos que como todo lo que tiene que ver con los pueblos indígenas y sus culturas, me entusiasmó.
La civilización ha avanzado mucho y se ha conseguido llegar hasta la Luna pero en este largo camino histórico hemos perdido, entre otras muchas cosas, el alma y la armonía con la Naturaleza.
Besos.
21 Febrero 2008 | 07:04 PM